Colaboración de Marielos Carranza, Reportera-Redactora de Agencia CERIGUA

El pasado lunes varios escritores guatemaltecos presentaron ante el Ministerio Público (MP) una denuncia por diversas acciones de intimidación que han recibido desde el 10 de enero, al recibir sobres anónimos con literatura partida a la mitad.

Julio Serrano, escritor, poeta y editor guatemalteco, uno de los autores que se presentó ante el MP a poner la denuncia, concedió una entrevista a la Agencia de Noticias CERIGUA.134527_10150342006630459_792770458_16406496_7668765_o

¿Desde cuando han recibido estos actos intimidatorios?

Bien, los sobres llegaron a la editorial Magna Terra el 10 de enero y aparentemente al Palacio Nacional de la Cultura y a la casa de una reconocida actriz guatemalteca por las mismas fechas.

Los sobres fueron enviados de manera anónima, en un sobre blanco etiquetado con una sticker impresa a computadora, adentro un libro partido por la mitad. Fueron colocados bajo las puertas de casa y oficinas siempre de manera anónima sin incluir ningún tipo de referencia, firma o similar.

¿A que le atribuyes tu estos casos?

 Tanto los autores de los libros partidos por la mitad como los receptores del sobre nos dedicamos a trabajar con el lenguaje en distintas manifestaciones, nuestro espacio de trabajo es un espacio semántico, simbólico en muchos sentidos, un espacio de representación, de signos, de metáforas, y toda intimidación es un acto simbólico, toda intimidación trata de decir algo que no es en sí mismo la acción sino su representación.

La atribución de la responsabilidad de este acto, que gracias a una cámara de seguridad puede ser relativamente simple de dilucidar, ahora bien la atribución no del acto en sí, sino de lo que representa es bastante más compleja, somos una sociedad violenta, víctima y victimaria de nosotros mismos, nuestra maquinaria destructiva es demasiado buena, no es necesario ejemplificar a qué horror me refiero, a qué destrucción, así pues este acto es el resultado de nuestro lenguaje del presente, de nuestro imaginario, indistintamente de las intenciones de quien lo hizo, evidencia que la violencia es también un lenguaje, una especie de ecosistema: violencia, miedo, silencio, violencia, miedo, silencio, etc.

De ahí que considero importante hacer ver que en este sentido el sistema mismo de miedo, ignominia, de horror que hemos construido (unos más que otros, también hay que decirlo), aceptado y alimentado genera este tipo de acciones, se nos acaban las palabras y recurrimos, pavlovianamente, a la violencia como discurso, ya como estilo de vida.

¿Qué significa para todo el gremio de escritores guatemaltecos este tipo de actos?

Toda lucha social es también una simbólica. La tensión del presente está y estará siempre, irremediablemente, en la obra de quienes trabajamos con signos. No me atrevería a hablar gremialmente, en parte porque somos un gremio muy disperso y diverso, entre la guerra de 36 años y la del presente el miedo ha sido el gran ganador, y el arte, en general, es un espejo quebrado en muchísimas partes que también refleja ese miedo, esa desolación.

Pero pienso que resulta oportuno entender este hecho en su esencia misma: simbólicamente, en lo que representa, la amenaza no es precisamente a un grupo de escritores, esperaría yo que el mensaje no sea que me van a partir por la mitad “dos” veces (sí, mandó dos libros míos partidos), la lectura, como toda metáfora, puede sugerirse y provocarnos un nuevo significado a partir de tal juego de sugerencias, así podríamos atrevernos a leer esta acción como una mutilación sistemática y planificada, realizada pacientemente (trate ud. de partir por la mitad un libro con una cuchilla, ahora replíquelo 7 veces), del resultado de una forma de imaginación que compartimos, tome su memoria, por ejemplo, y pártala por la mitad con un cuchillo, o sus sueños, o sus pesadillas, la suya y la de un grupo de personas que sueñan, que imaginan, que hablan como usted, la cultura en Guatemala, que es, sin lugar a dudas una de las razones por las que aún vale la pena insistir e insistir e insistir, la cultura entendida también como lenguaje, como habla, como materialización del fantasma de nuestros deseos, córtela por la mitad y envíela a alguien que pueda reconocerse en ese cuerpo partido a la mitad.

El significado podrá variar según las circunstancias, pero es predecible el frío en la espalda de quien abre el sobre y se reconoce.

¿Qué esperas luego de la denuncia interpuesta por ustedes?  

Desde mi punto de vista esta denuncia tiene dos sentidos básicos, el primero, un acto fundamental como ciudadanos, la denuncia, acercarnos a la institución que vela por nuestras garantías legales investigando los hechos delictivos, denunciar en el Ministerio Público este acto intimidatorio para que conforme a las leyes bajo las cuales convivimos se aclare lo que hasta ahora es justo eso, un acto intimidatorio sin explicación.

El filósofo Zizek dice que “el horror sobrecogedor de los actos violentos y la empatía con las víctimas funcionan sin excepción como un señuelo que nos impide pensar”, saco esta cita a colación no por este acto en particular sino por el simple hecho de vivir en Guatemala.

Personalmente pienso que si algo reveló esta acción fue la vulnerabilidad al miedo, a la violencia en todos los niveles posibles, evidentemente en este país aparecen muertos regados en las calles como si al árbol de la vida se le pudrieran las ramas y fuéramos cayendo, esperando nuestro turno.

Acá en este contexto en el que vida y muerte por igual perdieron sentido no nos queda otra opción que empezar a imaginar de alguna forma que nunca hemos imaginado cuál será la forma en que volverá la vida y sí, también imaginar la forma inimaginada en que volverá la muerte.

La denuncia es a su vez un acto simbólico para detenernos, mínimamente, a reflexionar sobre el miedo, sobre el lenguaje, sobre nuestro lenguaje y qué pasa cuando nos vamos quedando sin palabras para relatarnos, para encontrarnos, para imaginarnos.

Fuente: http://www.cerigua.org

 

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