cul_1Hoy a las 18:30 horas, en el Centro Cultural Luis Cardoza y Aragón de la Embajada de México (2ª. avenida 7-57 zona 10), se presentará el libro “Semilla de Mostaza y Mostaza” de Elisa Hall (+), con los comentarios de Francisco Pérez de Antón y Gabriela Quirante Amores. La entrada es libre.

“Semilla de Mostaza” fue publicada originalmente en 1938, en medio de la dictadura de Jorge Ubico; en aquel tiempo, no había posibilidad para la controversia política ni para la libertad de opinión en las calles y mucho menos en los periódicos. Sin embargo, este libro despertó una de las más fuertes polémicas de aquellos años, y la intelectualidad de la época abordó el carro de la discusión de un tema literario-artístico, a falta de no poder discutir sobre política nacional. Posteriormente, se publicó “Mostaza” como una continuación, que la autora escribió para demostrar que podía continuar escribiendo de la misma forma.

“Semilla de mostaza” es la historia de las memorias fidedignas de don Sancho Álvarez de Asturias, caballero del siglo XVII en las cuales relata las muy curiosas aventuras que le acaecieron en España y el entonces Reino de Guatemala. Se trataba de una novela en que la escritora intentó recuperar el legado histórico de sus antepasados de la familia Asturias. La novela fue escrita con un español antiguo, según la época en que vivió el protagonista, con el objetivo de ofrecer verosimilitud a la historia.

Sin embargo, la polémica surgió en torno si Elisa Hall de Asturias pudo haber escrito dicha novela, debido al alto conocimiento del español antiguo, lo cual los intelectuales de la época no daban crédito para la dama.

Entre las hipótesis que surgieron fue que Hall de Asturias tan solo transcribió un manuscrito antiguo; otros también llegaron a asegurar que fue Miguel Ángel Asturias que sirvió de “escritor fantasma”. Cabe destacar –para darle credibilidad a esta tesis- es que el futuro nobel permanecía en el país tras su paso por Francia y que se dedicaba a labores de escritura, casi de sobrevivencia, porque la fama aún no le llegaba con la publicación de “El Señor Presidente”, que ya estaba escrita para la época, pero que no se publicaría sino hasta ocho años después de esta polémica.

Otros, en cambio, daban credibilidad a la versión de que Elisa Hall era capaz de escribir tan esplendorosa obra.

Los intelectuales guatemaltecos aprovecharon la oportunidad de una polémica alejada de la polémica política, la cual era fuertemente censurada, e intentaron hacer gala de su erudición, algunos con mayor acierto que otros. Entre los periódicos que estuvieron implicados en la polémica, se recuerda a El Imparcial, Nuestro Diario y El Liberal Progresista, que aunque no eran estatales, usualmente ofrecían puntos de vista afines al oficialismo de Ubico.

La polémica permaneció por algunos meses, pero siempre quedó el sinsabor de que algunas personas no dieron el crédito de la creación literaria a la escritora. Con el paso del tiempo, la discusión fue pasando a segundo plano hasta desaparecer.

En 1977, por una tesis para obtener el grado académico de Licenciado en Letras, por parte de Orlando Falla Lacayo (+), reavivó el sinsabor de la familia Asturias, puesto que en sus conclusiones el graduando aseguraba que Elisa Hall no habría sido capaz de haber escrito dicha obra, por el alto grado de conocimiento del español antiguo que supone haberlo hecho.

Pero fue hasta junio de 2011, cuando la filóloga española Gabriela Quirante Amores realizó un estudio para determinar si Elisa Hall pudo haber escrito “Semilla de Mostaza”, y concluyó en que sí; parte de la justificación de su tesis, critica el machismo de la época de los años treinta en Guatemala, que negó la capacidad de creación a una mujer. Quirante Amores será una de las comentaristas mañana en la presentación del libro.

La obra, desde hace muchas décadas, se encontraba agotada; por ello mismo, la familia Asturias y la editorial Magna Terra aportarán a esta historia, al publicar de nuevo la novela, incluyendo un estudio de Quirante. Aunque la polémica aún pueda permanecer viva sobre si escribió o no la novela, sin duda es un aporte valioso el poder tener una nueva edición impresa de este libro, ya sea por su calidad literaria, como para tener uno de los documentos más polémicos de la intelectualidad guatemalteca de principios del siglo XX.

ELISA HALL DE ASTURIAS

Nació en la ciudad de Guatemala el 26 de febrero de 1900. Hija del poeta, traductor y académico don Guillermo Francisco Hall Avilés y de doña Elisa Sánchez de Hall. Fue la única mujer en una familia de cinco hermanos, en la que creció rodeada de un ambiente dedicado al estudio y a la literatura. De ahí que ella empezara a escribir con tan solo doce años y que entre sus hermanos se encontrara el poeta Guillermo Roberto Hall.

Este círculo intelectual queda plasmado en la carta que don Benito Pérez Galdós escribiera a Hall cuando esta tenía tan solo 16 años de edad, la cual publicara el periódico El Imparcial el 1 de marzo de 1939, en los siguientes términos: “Santander, y septiembre 20/1916 Sta. María [sic] Elisa Hall Amiga mía: Doy a usted este dulce nombre autorizado por su amable carta que en forma simpática y candorosa me revela una inteligencia no común y aficiones literarias que rara vez apreciamos en niñas de 16 años. Me complace y enorgullece la predilección que siente usted por mis obras. Y agradeciendo a usted el honor que me hace, tengo el gusto de contar a usted entre mis mejores amigas. Con este motivo le besa manos y pies su affmo. [sic]. Benito Pérez Galdós”.

Hall creció entre escritores y poetas, y así lo revela su álbum de recuerdos, que entre 1911 y 1917, es decir, entre su pre adolescencia y su adolescencia, contempla páginas autógrafas de famosas plumas como Fences Redish (el Dr. Manuel Valladares Rubio), Juan J. Cañas, La Baronesa de Wilson, Fósforo, Alberto Masferrer, J.R. Uriarte, Salomón de la Selva, y otros. Este ambiente cultural no es nuevo para la familia de Hall, quienes siempre se han visto envueltos de un halo intelectual y artístico; siendo don Guillermo F. Hall, su padre, hijo a su vez del famoso poeta ?Brisas Tropicales, 1874? y concertista ?de piano? Eduardo Hall y por contar entre la familia contemporánea a escritores y poetas como Francisco Fernández Hall (Haroldo) y Máximo Soto-Hall, y posteriormente a la poetisa e ingeniera Francisca Fernández-Hall de Arévalo.

Años más tarde, Elisa Hall se familiarizó con el trabajo monumental que su suegro, Antonio Asturias, realizaba con el afán de mantener al día la genealogía de la familia Asturias, desde el arribo del primer antepasado, don Sancho Álvarez de Asturias, a Guatemala en la segunda mitad del siglo XVII. Además, don Antonio poseía una riquísima biblioteca, de la cual bebía Hall interesada en esas historias antiguas que contemplaban las emigraciones que dieron lugar a la población de Escocia e Irlanda, así como al origen de la nobleza de España. Fue así cómo Hall concibió la idea de escribir “Semilla de Mostaza”, obra monumental que, según el manuscrito de 343 folios, inició el 5 de febrero de 1937 y finalizó el 3 de febrero de 1938, a las 3:36 de la tarde. Hall, mujer inquieta y estudiosa como pocas, se documenta profundamente sobre la época de don Sancho para escribir unas memorias que, narradas en primera persona y con un lenguaje arcaico, cuentan la vida en España del número uno de la genealogía, don Sancho, y el porqué de su emigración a América en 1666.

Fue su padre, Guillermo F. Hall quien llevó al seno de la Academia de la Lengua, a la cual pertenecía, en mayo de 1937, los primeros capítulos de la obra que su hija estaba escribiendo, a la que él y su otro hijo Guillermo ayudaban pasándola máquina. Semilla de mostaza sale a la luz en octubre de 1938, la primera edición es una tirada de 1150 ejemplares de 416 páginas, impresos con el respaldo del Gobierno del Presidente Jorge Ubico, en los talleres de la Tipografía Nacional, edición cuidadosamente revisada por su autora y primorosamente adornada por ella misma con dibujos y vírgulas en la carátula e interiores.

POLÉMICA

El libro causó general estupefacción. Todos coincidían en que se trataba de una obra maestra comparable con la producción de Lope de Vega, de Góngora, de Cervantes, que no solo venía a enriquecer a las letras nacionales sino a las del continente y a la literatura universal. Federico Hernández de León lo expresa así en el Diario de Centro América el 12 de octubre de 1938: «…el parecer uniformado se expresó en cálidos elogios: había desenfado, agilidad y donaire, sabor de vino rancio y color de oro viejo…». Pero la duda surgió. Algunos críticos dudaron de que Semilla de mostaza, por ser perfectamente magistral, pudiese ser obra de una mujer que se daba a conocer con semejante monumento escritural en el mundo de las letras y que además, no había cursado universidad alguna, sino que había amasado los conocimientos de los cuales hacía gala en la intimidad de su hogar, desde el cual, consideraban que era imposible que una fémina fuese capaz de manejar la pluma de manera tan maravillosa y amena. Este fue motivo suficiente para que se desencadenara un debate en torno a la autoría de la obra.

Elisa Hall respondió publicando Mostaza en octubre de ese mismo año de 1939, a manera de demostrar sus cualidades literarias. Esta continuación de la narración de las memorias de don Sancho, donde aparecen de protagonistas, perfectamente retratados, quienes dudaron de su capacidad de escritora, en innumerables aventuras acaecidas ya en Santiago de los Caballeros de Goathemala, hoy Antigua Guatemala, cargadas de una picardía, de un humor y de un ingenio que contrastan con la seriedad y solemnidad de los capítulos dedicados a los funerales del Hermano Pedro, recientemente beatificado, que fuera contemporáneo de don Sancho. La polémica continuó y a pesar de que pasaran años y años; de vez en cuando todavía se hablaba del caso de “Semilla de mostaza”. Con la aparición de “Mostaza”, quienes la atacaban ya no dijeron que esta obra no era de ella, sino simplemente que era inferior calidad que Semilla de mostaza; los defensores, satisfechos de ver retratados a quienes bien conocían por el bando de los contrarios, fueron bajando la guardia; y así, el debate se fue diluyendo.

Con el paso del tiempo, Elisa Hall, un poco amargada por los ataques virulentos de un pequeño grupo de detractores que el resto de la sociedad tildara de envidiosos, perdió el interés por la escritura y se dedicó a pintar al óleo, a la acuarela y a su huerta-jardín. Tenía más de 60 años cuando comenzó a estudiar francés y pasó hasta el último día de su vida, y especialmente de sus noches, leyendo libros, estudiando enciclopedias y revistas especializadas. En 1981, cuando Hall contaba con 81 años de edad, aquejada de cataratas y muy cerca de su muerte; con mucho acierto y aún más dificultad, quiso dejar señaladas las partes históricas y las fuentes en las que se había documentado para escribir su obra. La justificación de su autoría sobre “Semilla de mostaza” se convirtió en una obsesión que Hall alargó hasta los últimos días de su vida. La autora guatemalteca murió en Guatemala el 20 de mayo de 1982 rodeada de su familia. De ella se conocen, además, algunos versos libres de singular belleza.

Fuente: La Hora

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