Por: Pilu Delgado, Domadora de Palabras, para elGuatemalteco

grupocompletoLenta y paulatinamente comienza a entrar el público en el Auditorio del Conservatorio Nacional de Música, Germán Alcántara. Son pasadas las 19:20 horas y los músicos calientan mientras la gente busca lugares dónde sentarse a disfrutar del concierto. Los “tickets” no son numerados y la sala no es precisamente grande por lo que los asistentes intentan con dificultad situarse en un buen lugar.

Por fin sale el Concertino, aunque pasa desapercibido para los maestros y la gente hasta que personal del Auditorio llama la atención; los músicos comienzan a afinar y sale el artista de la noche: Director invitado; Roberto Estrada. Uno pensaría que estamos listos para comenzar pero desgraciadamente siguen entrando asistentes sin ningún tipo de respeto y debe ser la Orquesta Sinfónica Nacional la que espere a que
se acoplen al son del bullicio.

Las cuerdas comienzan su tarea de liderar la orquesta bajo la atenta mirada del director. No se oye más que el movimiento de los dedos de los maestros acariciando sus instrumentos. Y así comienza “Una Noche de Trova”.

Los músicos se desprendieron de su habitual vestimenta blanca y negra para dejar entrar un ápice de color destacando el rosa entre las mujeres. El director, de riguroso luto contrasta con el blanco impoluto de la primera invitada en el escenario, una joven Meli Donis. Los nervios se apoderan de ella sin darle tregua alguna hasta el momento de dar paso a Rony Manuel, Ronito para los amigos. Potencia, dicción y una bellísima
actuación del “Aventurera” de Alberto Plaza. Rebasa talento por los poros, abiertos por el calor del auditorio.

El sinsonte de Silvio hizo aparición de la mano de una ya consagrada voz, Gloria Cáceres. Pasión y sentimiento, la mezcla perfecta. El timbre de voz adecuado y su buena modulación la convierten en una de las mejores voces femeninas guatemaltecas.

Le llega el turno a Rony Hernández, quien tantos amores ha visto nacer en la penumbra del famoso club “TrovaJazz”. Experto en la materia sale a la palestra con su fiel amiga, la guitarra. La Godin acompaña su voz, desquebrajada ya por el paso del tiempo, mientras canta sus versos favoritos de Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Sin duda, la guinda del pastel la puso Mónica Sarmientos, hija del fallecido Jorge Sarmientos. Su “Maza” llenó el auditorio de aplausos. Los vientos alzaron sus pulmones acompañando al tambor que la misma violinista de la Sinfónica tocó durante su solo.

Con un breve bis, un visiblemente cansado Roberto Estrada finalizaba la actuación bajo el pesar de los allí reunidos. Silvio, Mercedes Sosa y Pablo Milanés entre otros volvieron a enamorar los corazones en una calurosa “Noche de Trova”.

Autora y fotografía: Pilu Delgado, Domadora de Palabras. (piludelgado.com)
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