Jorge Sierra

Esas altas cifras de muertes violentas que informa esta semana el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), no registran todavía lo ocurrido en menos de 68873_10151106634771362_193618640_nocho días en la comunidad de músicos. El viernes 5, en la zona 1, al guitarrista del grupo Nova Épica, Cristian Arévalo; y el lunes 8, en la zona 6, al saxofonista y exmiembro de la Banda Sinfónica Marcial, Misrain Sosa. Ambos ocurridos con pistola. Es evidente que las medidas de seguridad que dice tomar el Gobierno parecen tanteos, improvisaciones y extremos de nesciencia.r

Arévalo, cofundador de su banda de power metal, ha insistido en difundir el género durante doce años. Ha grabado discos. Ahora su recuperación es lenta luego de recibir un proyectil en la frente y otro en el hombro. Este hecho ha causado cierta perplejidad en la comunidad roquera, primero porque ocurrió en la entrada del lugar donde se desarrollaba el concierto de los italianos Vision Divine; y segundo porque dentro de esta comunidad, aun con algunos agresivos, en apariencia no llega a esos excesos.

En cuanto a Misrain, le recordamos en las postrimerías de los años ochenta en los conciertos con Petronio Nájera, con la Big Band de Jorge Sarmientos o con la Orquesta de Nery Cano. Con esta última, el saxofonista hizo su versión de Europa, de Gato Barbieri, y fue cuando dejó impresionado al público al soplar su instrumento sin detenerse durante cinco minutos, gracias a la técnica de la respiración circular que poseía.

La violencia y el uso de armas de fuego no son más que basura de un interior repugnante. El problema es que merodeen en el ambiente musical, y no solo en sus alrededores, sino también en lo interno. Y en esto último me refiero específicamente a las empresas privadas de control y orden de los conciertos que se contratan. Ya bastan esos métodos militares de confrontación y represión que emplean ante infracciones, groserías o travesuras de los asistentes. En lugar de utilizar formas de persuasión y diálogo, lo que este grupo hace es golpear, humillar y ver al asistente cual vómito indeseable. Ilegal a todas luces. Y en esto las empresas productoras de conciertos deben exigirles que hagan su papel de un modo más racional, educado y con sentido común.

Ojalá Cristian vuelva con su guitarra, y Misrain se integre a una orquesta celestial.

Fuente: elPeriódico 

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