maga12_51La actriz, que heredó de su padre, Alberto Martínez, el amor por las tablas, ve crecer su legado a través de su hija Gretchen Barnéond y de su nieto Daniel Soto Barnéon0d. Al teatro chapín, señala, le hacen falta escenarios, pero ve con optimismo a los nuevos talentos.

n el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, María Teresa Martínez dice sentirse en su casa. Aquí se presentó, hace dos días, con la última función de La casa de Bernarda Alba y es el escenario que elige para realizar esta entrevistaTodos en este lugar la tratan con la deferencia que su talento, trayectoria y don de gentes le merecen. La artista, quien cumplirá 70 años de carrera artística el año que viene, debutó a los 7 años (en 1944) en la compañía que dirigía su padre, Alberto Martínez. Sus primeros recuerdos son de teatros como el Palace y el Capitol y ha vivido la historia del teatro guatemalteco contemporáneo en primera fila. Hoy accede a evaluarlo, al igual que a los actores y al cine del país.

¿Cómo ve usted el teatro de Guatemala en la actualidad?

El teatro tuvo una época de oro, una época de bajón y ahora empieza a surgir nuevamente porque hay grupos que están tratando de hacer teatro serio, estructurado, con un fondo, con un mensaje.

¿Qué es el llamado teatro ja ja ja?

Cuando yo hablo de teatro teatro, no quiero decir que lo del ja ja no sirva. La única diferencia es que son shows cómicos. Van a improvisar, a contar chistes, se sientan a hacer una obra jocosa, pero no lleva todo el trabajo que lleva el otro tipo de teatro.

¿Qué pasa con los escenarios?

No tenemos salas; si vamos a seguir careciendo de salas, el teatro no va a surgir como tiene que hacerlo. El público está ávido de teatro, pero no tenemos salas. Mi sueño de toda la vida es que haya salas con unas 150 butacas para que el actor tenga donde expresarse.

¿Qué hay de los restaurantes teatros?

Sin que me lo tomen a mal, la gente va ahí a beber y a reír; no le podemos dar un teatro serio a una persona que está comiendo. Yo trabajé en el primer restaurante teatro La Terraza; se presentaban comedias para irse a reír, no había malas palabras, no había situaciones de sexo, no había violencia, eran comedias muy finas, muy blancas.

¿Cómo ve el teatro musical?

Ya se han dado intentos y no les ha ido mal. Requiere de un trabajo conjunto de músicos, cantantes y actores para que sea un boom la comedia musical. Si ponemos nuestra confianza en ellos, puede surgir, y muy bonito.

¿Qué opina del teatro experimental?

Me parece muy interesante porque vienen con nuevas técnicas, nuevos procesos mentales. Es un teatro entregado a una causa casi siempre, que me parece muy bien, y me gusta.

¿Le gusta el teatro infantil?

Yo, como actriz, no lo hago. Hay autores de teatro infantil como Ricardo Martínez que hacen un teatro infantil serio en el que el niño va a aprender mucho, pero hay otro teatro que se basa en comedias o en cosas que salen en la tele, y ese no me gusta. Siempre he estado en contra de que al niño se le trate como que no piensa.

¿Cómo ve a la nueva generación de actores?

Por ejemplo, de la UP, de la ESA y la ENAD han salido muy buenos. El problema es que salen ellos con mucha gana, con mucha garra, pero no tienen donde actuar. La UP tiene la ventaja de que tiene su escuela de teatro y tiene escenario.

¿Cómo evalúa el quehacer del cine nacional en la actualidad?

El cine está resurgiendo. Hay una cantidad de gente joven que está trabajando y yo le veo un futuro inmediato, muy bueno. Se está abriendo mucho campo y espero en Dios que se abra el campo total en todas partes del mundo, que llegue a sonar Guatemala por su buen cine. Que vayan a todos los festivales porque hay mucho talento.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

El más cercano es el montaje de Don Juan Tenorio, que este ya es el décimo año. Creo que empiezo entre el 28 y el 30 de octubre al 2 de noviembre en el Teatro de Cámara. El proyecto que tengo metido en el corazón es dirigir Reinar después de morir, una obra de Alejandro Casona, basada en la vida de Inés de Castro, una mujer que fue desterrada por su tío para que no se casara con el príncipe. Es una  obra de época. Además con un grupo de artistas estamos trabajando porque el año 2015 Guatemala es distinguida como la Capital Iberoamericana de la Cultura, y estoy involucrándome en esos proyectos.

¿Cuáles han sido sus personajes favoritos?

Casi todos me han gustado. Tengo muy buenos recuerdos de Ahora o nunca, una comedia musical de Luis Aguilé, que se hizo en el teatro Abril. La preferida de todos ha sido El cuarto de Verónica. Ese fue un trabajo muy bonito, muy desgastante, pero que a mí me llenó mucho. Es una señora que tiene varias personalidades. Al principio es una viejecita amorosa, pero es una asesina y al final está loca. En la última temporada que hicimos, mi hija tenía el papel de la jovencita y en la penúltima función  se quedó la mamá en escena y se me salieron las lágrimas porque me puse a pensar qué estoy haciendo con mi hija, porque la golpeaba, la insultaba, la arrastraba por el piso y todavía me faltaba matarla. Yo le pedía a Dios que me ayudara a terminar la escena. Es la única vez que me he salido del personaje.

Vivir de la actuación

“Algunos han logado vivir del teatro, yo nunca lo logré, pero no me arrepiento. Yo he sido bibliotecaria, trabajé en estadística de Salud Pública, en seguros y en una oficina de publicidad. Además, me encanta tejer, hacer cerámica y todo lo manual”.

“Se trabajan ocho horas en una oficina y se dan las horas del descanso para ensayar y lo hacemos por el amor a nuestra patria, el amor que le tenemos a esta profesión y el respeto que nos merece el público”.

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