get_imgEl guatemalteco Alfredo Cáceres se codea con los mejores músicos de jazz y world music en EE. UU., donde reside. Y numerosos proyectos van de viento en popa. Aquí habla con elPeriódico, tras el lanzamiento del disco de Hamed Nikpay.

“Agradezco a mi espíritu gemelo y electrificante guitarrista de flamenco, Alfredo Cáceres, que compartió con generosidad su particular perspectiva musical y construyó una base sólida sobre la cual se aposenta la estética final de las melodías”, así escribe el cantante más importante de Irán, Hamed Nikpay, en su nuevo disco Reaching you, publicado hace un par de semanas.

Y también hace pocos días se publicó Smile, la reciente producción discográfica de la cantante de jazz Carol Duboc, donde el nombre de Cáceres aparece junto a los de Jeff Lorber, Jimmy Haslip, Brian Bromberg, Hubert Laws y Vinnie Colaiuta. El guatemalteco se encuentra sorprendido de todo lo que ocurre a su alrededor y desde que radica en Los Ángeles, California. Allí se ha visto expuesto a mayores retos musicales. Por lo mismo, hoy es difícil enmarcarlo ya como un guitarrista de flamenco o de jazz, porque empieza a superar fronteras.

Dream come true

Cáceres habla con esa sencillez y amabilidad que le caracterizan respecto de las oportunidades que hoy se le presentan, su papel como compositor, pero también de los momentos que vive. “Me encuentro en un momento especial. Creo que se han ido cumpliendo mis sueños de lo que buscaba, y era poder hacer la música que me gusta y vivir de eso. Lo principal, sin embargo, es crecer como artista en todo sentido”.

El aprender se ha dado en él a marcha forzada sobre el escenario o en los estudios de grabación. “La mejor escuela que puede haber es tener la oportunidad de colaborar con artistas de alto calibre, no por su fama ni nada de eso, sino por el alto nivel que se maneja con ellos en todo sentido”.

Cáceres ya había dado muestras en Guatemala de ser un destacado compositor. Sus grabaciones con Siroko son ejemplo de ello. Hoy reconoce su vocación por el oficio. “La composición es lo más importante para mí. He podido abrirme campo en eso. Y desde hace ocho meses preparo un proyecto de jazz-world music con el saxofonista persa Farzin Farhadi. Estamos por empezar a grabar”.

Estética mediterránea

Ese elemento oriental parece estar más cerca de Cáceres ahora, después de su participación con Nikpay. Aunque el guitarrista admite que entender al inicio la estilística y tímbrica persa, fue arduo. “Es difícil comprender y respetar las normas que existen en la música persa. Al igual que la música hindú la escala que se utiliza tiene que estar en consonancia con el sentimiento que recita el poema. Costó alcanzar un intermedio, pero Nikpay ha querido salirse de la tradición persa, y siempre ha deseado que yo lleve las piezas a otro terreno sin perder su origen. En ese disco tuve la idea de fusionar, en una pieza, un tango apiazzolado con la música persa. Creo que es la primera vez que se hace una fusión de este tipo”.

El término world music se emplea para referirse a esa música con componentes étnicos y que hace simbiosis con géneros más modernos (rock, jazz, electrónica). Pues bien, se puede decir que Cáceres se está convirtiendo en un alquimista de estilos bajo esa divisa. “Desde que vivo en EE. UU., logré encontrar un lugar en el que me considero más un guitarrista de world music. La verdad, decir que soy un guitarrista de jazz o flamenco a ciento por ciento diría que no lo soy. Hay miles de excelentes guitarristas de flamenco y de jazz, pero lo que te hace sobresalir es ser diferente”.

Fuente: elPeriódico

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