madam_funtoo_cuentos_de_ultradundaCuentos de Ultradunda
Turbomofle Records
2012

Disponible en: bandcamp.com

Madam Funtoo presentó en agosto del año pasado su segundo (y último) larga duración “Cuentos de Ultradunda” en un concierto de magna ridiculez y despilfarro visual que marcaría la separación del grupo y su despedida de la escena (aunque no lo anunciaron oficialmente sino hasta hace poco). Por triste que sea su partida, la muerte de Madam no cae en realidad como una sorpresa, después de cinco meses de inactividad y silencio desde de esa singular noche de agosto. Quedará al menos para la memoria la delirante rendición de “Cuentos de Ultradunda” que la banda ofreció para su lanzamiento. Si algo quedó claro, es que Dani, Chiru y Mota estaban determinados en finalizar la historia de Madam Funtoo con toda la magnificencia que merecía, y para los que tuvieron la oportunidad de presenciarlo, se vivió como el ascenso apoteótico de tres músicos abandonados a sus instrumentos y a la merced del destino, culminando finalmente en el ocaso definitivo de una banda de rock en estado terminal, ahogada en su propia esencia. La decadencia en todo su esplendor.
Si acaso las crudas imágenes mentales que evocó “Chow Tama” no hayan sido suficientes para catalogar a Madam Funtoo como no apta para menores, el contenido de “Cuentos de Ultradunda” sobrepasa a su antecesor, llegando incluso a rozar lo polémico, al menos en los ojos de una sociedad tan conservadora como la nuestra. Fieles al género del stoner rock, Madam hace de esta nueva producción un trabajo semiconceptual que gira en torno al alucinógeno por excelencia: la marihuana (una “oda al cannabis” como le llaman ellos). Sin embargo, más que un vehículo para glorificar el consumo de cannabinoides, “Cuentos” es bajo la superficie una narración de las consecuencias sociales que se viven a causa de la debilidad humana: el ocio, la avaricia, el odio, la adicción. Siempre ha existido esa dualidad casi contradictoria en la filosofía de Madam, algo que se mantiene vigente en la temática y en las letras de estas canciones.
La grabación de “Cuentos” se hizo con la banda completa, a diferencia del método usual de grabar cada instrumento por separado, y dista bastante del sonido lleno y transparente de “Chow Tama“. Los extensos pasajes instrumentales al final de “Recolección” y “Fumazón” se benefician particularmente del cambio de sonido, quizá no tan balanceado como el de su antecesor, pero que muestra la faceta más real y auténtica de Madam Funtoo. La disonancia imperante en piezas como “Ignición“, “Combustión” (reconocidas de su repertorio en vivo) y “Producción” (con Mau de Remolacha Beets en la voz) se completa con las estrepitosas líneas de bajo de Mota y el canto grave y siniestro de Dani Utrera. “Fumazón“, la sexta pieza y la más larga del disco, es probablemente la cúspide de la banda y la más representativa de su sonido. Un acorde de bajo saturado marcando la base, el ritmo lento de la batería y el venenoso riff de guitarra se combinan para crear un ambiente tóxico, inescapable, que describe perfectamente el momento de la perdición. Los sentidos se adormecen, la mente se nubla, y con el último respiro de consciencia desvaneciéndose, no queda más que rendirse a las visiones quiméricas, producto de nuestro autoengaño.
Si esto es lo último que se oirá de Madam Funtoo, es un testamento apropiado. Desde el inicio, Madam fue una banda que hizo total caso omiso de las reglas, no por superfluos impulsos de rebeldía juvenil sino por querer sacar al público de su zona de confort y hacerles ver las cosas desde un punto de vista diferente. Si no por su música, al menos por esto serán recordados. Eso, o a lo mejor sólo disfrutaban mucho tocar música estridente y cantar letras extrañas.
Anuncios