titulo-prensalibre-print-Oliver-Monroy_PREIMA20130816_0090_31El 3 de agosto recién pasado se estrenó en el Teatro Lux la versión spanglish de Mamma Mia, y este fin de semana son sus últimas funciones. Salí bailando y cantando de la sala.

Aunque el estreno tuvo algunos problemas técnicos, no se pueden contar como baches escénicos, ya que el material humano sacó la tarea dignamente.

Sus personajes son ocho protagonistas con historias que se entrecruzan. He de enfatizar que parte del elenco, todo guatemalteco, está más cómodo cuando canta en inglés que cuando habla español. Los más jóvenes se expresan en un dialecto cercano al español que en algunas ocasiones perdía al público por su incapacidad de abrir la boca para articular sus diálogos. Sin embargo y pese a la crítica, ya hubiera querido yo tener su edad para cantar y bailar como lo hacen de bien. El resto, con disciplina y estudio, se arregla.

Alejandro Vidal embruja. Tiene un personaje redondo que propone desde el inicio y cuya presencia escénica atrapa. Su voz y actuación denotan dominio absoluto del escenario. Sofía Comparini, Donna, es una artista en toda la dimensión de la palabra. La fuerza de su personaje se conjuga con su belleza mágica y la fuerte voz. Flora Méndez es una actriz de mucha garra y de muchas tablas. Su oído mágico y vibrante voz son capaces de crear armonías muy cercanas a las de Agnetha Fältskog y Anni-Frid Lyngstad —las solistas de ABBA—.

Karla Calvillo deslumbra con su sensual voz y la prestancia histriónica. Juan Pablo Rosales exuda simpatía. Lo mismo puede aplicarse para Mario Mendoza y José Castillo. Larisa del Pozo luce fresca y maneja una energía singular que aúna a la propuesta de los artistas adultos.

Más

He tenido la oportunidad de ver Mamma Mia en cuatro ocasiones. Tres de ellas las odié y si repetí la experiencia fue por la necedad de descubrir si alguna de las versiones llenaba mis expectativas como seguidor de ABBA, famoso grupo sueco que surgió en la década de 1970.

En Madrid vi el musical y la película. La primera reunía a artistas que desempeñaban los roles requeridos dentro de un perfil de alto nivel, pero sus voces me sonaron disonantes e insoportables.

La segunda, salvo el trabajo de Meryl Streep, me pareció detestable porque todos berreaban como ganado despavorido. En México, he de reconocer que la pasé un poco mejor.

En Guatemala, la obra es un esfuerzo que vale la pena y su concepción escénica dignifica el trabajo de los directores de actuación, coreografías y musicales.

Sus últimas funciones hoy a las 19 horas, y el domingo, a las 17 horas, en el Teatro Lux, zona 1. Admisión, Q100.

Fuente: Prensa Libre

Anuncios