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La galería Rozas Botrán inaugura mañana una exposición que recorre la obra escultórica de Luis Carlos, desde 1979 a la fecha, con 30 piezas que permiten ver la evolución, madurez e ideas del artista.

Luis Carlos (Guatemala, 1952) se introdujo en el mundo del arte a raíz de una visita al taller de un amigo, donde descubrió la escultura. Luego realizó estudios de artes visuales en la Escuela Nacional de Bellas Artes de México, aunque su manera de subsistencia era la creación de esculturas que vendía en los parques. A su regreso al país, en 1981, sus obras se comenzaron a exponer en ciudades como Nueva York, Caracas y Lima. Ante el ambiente artístico de Guatemala por esos años, ajeno a los movimientos en boga a nivel internacional, Carlos y su esposa fundaron la galería Plástica Contemporánea, en la que expusieron la obra de Miró, Wilfredo Lam, Roberto Matta y Rufino Tamayo, entre otros.

Mientras tanto, a la par de la galería, instaló un taller de fundición de bronce, desde el que invitó a varios artistas a trabajar en escultura. Plástica Contemporánea cerró en 2001, pero Carlos siguió trabajando en su obra, que se ha expuesto en su mayoría fuera de Guatemala. Ahora, la galería Rozas Botrán inaugura una muestra retrospectiva de su obra. La inauguración será mañana, a las 19:00 horas. En la 16 calle 4-66, zona 14. Hasta el 5 de enero. Puede visitar la exposición en días y horas hábiles. La entrada es libre.

Lejos de la postura política

Según Juan B. Juárez, la obra de Luis Carlos parece continuar la obra escultórica de Galeotti Torres a finales del siglo pasado. Aunque por la época las obras de artistas como González Goyri, Dagoberto Vásquez, Efraín Recinos y Luis Díaz se movían en las esfera de una alineación estética e ideológica propia de la época revolucionaria, Luis Carlos se dedicó a un trabajo en “solitario”, desde su oficio, el estilo y la temática.

“Desde los inicios de su carrera y de sus primeras esculturas, la obra de Luis Carlos deliberadamente se levanta al margen de toda polémica estética e ideológica; simplemente impone sus formas construidas con la naturalidad y la seguridad de quien no tiene que demostrar nada a nadie”, señala Juárez.

Así, sus piezas escultóricas son de una gran exigencia en la técnica en las que se muestran valores de libertad, dignidad, amor, solidaridad, paz, armonía y belleza, entre un largo etcétera. Las obras, de formas geométricas, realizan una alusión desde el espacio abierto. Por ejemplo, en las esculturas que abordan el tema de la familia, no se plantea un ideal social, sino que se refleja en “la solidez del conjunto, en la unidad estilística y semántica” en donde la perfección de los elementos formales crean una armonía entre líneas y un diseño dinámico donde volúmenes y vacíos tienden a jugar con el espacio, apunta Juárez.

En el proceso creativo de Luis Carlos no predomina la idea de representar, sino el equilibrio entre ritmos, tensiones y masas que abordan el significado de la obra, que llega a convertirse en signo gráfico y símbolo visible.

Auténtico y riguroso

Su paso por México le permitió adquirir complejas técnicas de modelado y fundición. Es interesante ver su obra, que comienza desde el modelado en materiales blandos, como la arcilla o la plasticina, y luego pasa al bronce, obviando el mármol y la piedra –elementos más cotidianos en la escultura–, donde el metal permite crear formas aéreas que permiten expresar su fuerza instintiva. Esto, sumado a su postura alejada de posiciones políticas, explica su afán de diversificar los temas en el arte nacional, y darle soluciones formales a la escultura.

El conjunto de 30 piezas que se presentan en la galería Rozas Botrán, que abarca obras creadas entre 1979 y 2013, permite ver la evolución y madurez del artista, que se preocupa de una rigurosidad y autenticidad que fusionan una lucidez y sensualidad, características de su trabajo.

Fuente: elPeriódico

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