esquipulas-1El 15 de enero se conmemora el Día del Señor de Esquipulas, conocido también como el “Cristo Negro”, son miles de peregrinos del país y extranjeros que viajan a Esquipulas, Chiquimula la “Capital Centroamericana de la Fe”, donde se encuentra la Basílica del Señor de Esquipulas, para venerar su imagen.

Una de las tradiciones más significativas es la peregrinación de diversos grupos hacia Esquipulas para visitar el templo, como lo ha hecho ya por 28 años Byron Granillo, un devoto del Santo Cristo Negro.

Según cuenta Granillo, la primera vez que junto a su familia hicieron la peregrinación hacia Esquipulas, el tenía 13 años de edad, cuenta que recuerda que viajaban en tren de la ciudad capital hasta Zacapa, junto a sus padres y hermanos, el más pequeño de ellos de tres años de edad, desde esa fecha, no han faltado ni un año.

Relato de la peregrinación hacia la Basílica del Señor de Esquipulas

Para Granillo el año comienza planificando junto a su familia, amigos y otros parientes la visita a la Basílica, se juntan aproximadamente 125 personas, entre ellos ahora sus hijos, hijas y otras personas que se han ido uniendo a este grupo.

La travesía dura cuatro días de mucha devoción, donde recorren aproximadamente 78 kilómetros a pie, pues buscan veredas y otros lugares para no irse por la carretera y sufrir cualquier accidente.

Granillo relata que todos salen en bus extraurbano, hacia el Parque Central de Chiquimula, en donde se reúnen el 11 de enero, aproximadamente al medio día, de allí caminan hacia un centro recreativo, en donde almuerzan y esperan a que más personas se incorporen.

Por la tarde inician su travesía hacia una comunidad de Chiquimula, donde pasan la noche, el segundo día llegan a San Jacinto, Chiquimula, donde son recibidos en auditorios o en las parroquias y al siguiente día continúan su recorrido hasta llegar a Quezaltepeque, Chiquimula; en esta larga travesía encuentran ríos y lugares propicios para descasar y alimentarse.

peregrinacion-esquipulasEl último día salen de Quezaltepeque hacia la parte baja de Esquipulas, donde pasan toda la noche y se preparan para el siguiente día llegar a su destino final.

El cuarto día inician el viaje final, cuenta Granillo que todo está en subida, es la ruta que más cuesta, aunque no se siente, pues todos van cantando alabanzas, hasta llegar a las cuatro de la tarde a la Basílica del Señor de Esquipulas, cansados pero con la satisfacción y la devoción de ir a venerar a quien les ha hecho tantos milagros.

Esa noche alquilan una galera donde todos se quedan a dormir, muchos salen al siguiente día de regreso para la capital y otros se quedan más días, todo depende, según Granillo, de las posibilidades económicas y de los permisos en el trabajo.

De acuerdo con Granillo cada día el costo de hacer el viaje se eleva, lugares que les alquilaban antes en 250 quetzales ahora son más 3 mil, lo que demuestra lo costoso que es hacer esta peregrinación.

Granillo indicó que esta es una tradición que se ha mantenido por generaciones en su familia y que sigue siendo heredada, por ejemplo su hermano que viajó por primera vez de 3 años de edad, ahora tiene 31 años y sigue realizando año con año el recorrido, ahora junto a su esposa y sus dos hijos, a quienes con meses de nacidos se los ha llevado a realizar la travesía.

Finalmente, Granillo destaca que pese a los costos económicos y al cansancio, espera no dejar de hacer la peregrinación anual y uno de sus mayores anhelos es que sus hijos e hijas continúen después con la tradición y no la dejen morir.

Fuente: Relato de Byron Granillo, para elGuatemalteco.

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