a8a02208785ab053262b6f8969e1b641_XLLos padres de familia y estudiantes que no les gustaba la danza tenían que aguantar los 15 minutos que duraba su obra. Vestida de balletista y portando su disco de acetato llegaba a las actividades culturales y cívicas de su escuela.

Nació con la danza en su sangre. Recuerda que desde su primera actuación, a los 4 años en su centro escolar, no la ha dejado.
Luego de 36 años como bailarina, maestra, coreógrafa y directora del Ballet Moderno y Folclórico Nacional se siente muy feliz, pues se ha dedicado a lo que siempre le llamó la atención.

Lucía Armas, aquella niña inquieta y llena de sueños, ahora es directora de Fomento del Arte en el Ministerio de Cultura y Deportes, en cuya oficina me recibió para conversar de su trayectoria, sus logros, sus retos y sus anhelos, como artista y como
funcionaria.

“La danza ha sido mi vida y en la cual me inicié muy pequeña. Desde entonces no he dejado de bailar. El arte me ha dado satisfacciones y éxitos como persona y profesional”, comenta, sin ocultar su emoción al recordar sus anécdotas.

Armas hizo toda una carrera en el Ballet Moderno. Se jubiló en 2010 para trabajar el siguiente año de manera independiente. En 2012 fue invitada para asumir el cargo actual, pero continúa impartiendo clases en su especialidad.

“Siempre me sentí comprometida y con necesidad de hacer algo más para reivindicar al artista, que ha sido la cenicienta. Quería involucrarme más con todos los procesos que no permiten que se avance en el ámbito”, afirma.

La entrevistada indica que siempre sintió correr la danza en sus venas. “Cuando me preguntaron qué quería hacer en la vida, les respondí que bailarina. Lo llevo en la sangre, porque en mi familia existen músicos e investigadores. Mis hermanos y mi mamá me apoyaron. Tengo una beca familiar, porque ellos fueron mi sostén hasta lograr realizarme en lo que me gusta”, narra.

Armas siempre participaba en los actos de su escuela. Su madre le hizo un vestido de balletista y le compró un disco con música, que le permitía actuar en el establecimiento. “Pobre toda esa gente que me tenía que aguantar, porque la obra tardaba hasta 15 minutos”, dice, mientras sonríe.

Profesionalmente, la maestra debutó en 1974, en Antigua Guatemala, durante un festival organizado por Bellas Artes. Tras graduarse en la Escuela Nacional de Danza, se dedicó al baile clásico, luego a la danza moderna contemporánea y folclórica.

Durante su trayectoria, Armas ha cosechado triunfos, el cariño y respeto del público, pero también experiencias difíciles en su momento, que ahora ya son anécdotas. “En una estadía en el extranjero con el Ballet Moderno y Folclórico nos dejó el tren, y en otra oportunidad perdimos el vuelo”, comenta.

Lucía Armas expresa: “El artista no está satisfecho. Siempre que logra algo quiere más. En mi caso, mi cabeza está llena de cosas, me gusta la investigación y tengo pendiente sistematizar la danza folclórica. Cuando me jubilé del Ballet, dije: Me retiro de la institución pero no de la danza”.

La maestra asegura que desde el Ministerio se han hecho esfuerzos por apoyar y minimizar las necesidades en el ámbito del arte. Es necesario poner en práctica las políticas culturales y comprender que el arte es un vehículo para el desarrollo humano y económico de las personas, concluye.

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