2a115a0bdbfd4dfe0bcd0c1b63581f6b_XLNació en la ciudad de Guatemala en 1899, y falleció el 9 de junio de 1974. En esos tres cuartos de siglo, el escritor, diplomático y Premio Nobel unió al arte una activa militancia antimperialista y antidictatorial. Asturias estudió Derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), y Antropología, en la Sorbona de París, ciudad en la que recibió la influencia del poeta surrealista francés André Breton.

En 1942 fue elegido diputado y, a partir de 1946, fue embajador en México, Argentina y El Salvador, hasta que, en 1954, partió al exilio. Posteriormente, fue embajador en Francia, entre 1966 y 1970, y la embajada era una suerte de segunda casa para otros intelectuales guatemaltecos que se daban cita en la Ciudad Luz.
Desde su escritorio
Por su aporte a la literatura universal, fue galardonado con el Premio Lenin de la Paz en 1966 y el Premio Nobel de Literatura en 1967.  En su obra, al igual que en la de Alejo Carpentier, el mito se hace presente, pero a diferencia del cubano, escribe también en torno a los mitos precolombinos.

Leyendas de Guatemala, publicada en 1930, una colección de cuentos y leyendas, fue la primera de sus obras mayores. Pero, indudablemente, la novela que le ha dado fama internacional es El señor presidente, publicada en 1946, en la que traza el retrato de un dictador de una manera caricaturesca y esperpéntica, pero siguiendo una estructura regida por la lucha entre las fuerzas de la luz (el Bien, el pueblo) y las fuerzas de las tinieblas (el Mal, el dictador). Es también un libro de protesta militante: la descripción de un régimen dictatorial en términos de terror, maldad y muerte. En la trama predominan el miedo y la crueldad.

Este tema vuelve a aparecer en Hombres de maíz, pieza de 1949, en que la luz está representada por los indígenas y los hombres de maíz, y las tinieblas, por los colonizadores que explotan las tierras de los campesinos en beneficio propio.

Después escribió novelas y relatos, entre los que destaca la trilogía formada por Viento fuerte, 1950; El Papa verde, de 1954, y Los ojos de los enterrados, de 1960. Otras novelas son Mulata de tal, de 1963; Malandrón, 1969,  y Viernes de Dolores, 1972. Su producción dramática es poco conocida, con obras como Chantaje o Dique seco, ambas piezas escritas en 1964. Su novela Viento fuerte fue citada en el discurso de entrega del Premio Nobel de Literatura en 1967, que le fue concedido “por sus coloridos escritos profundamente arraigados en la individualidad nacional y en las tradiciones indígenas de América”.
Asturias por Asturias
El surrealismo tuvo una influencia importante en sus obras. Dicho movimiento artístico, caracterizado por su exploración de los procesos subconscientes, le permitió cruzar los límites de la fantasía y la realidad, lo que hizo que sus piezas llegaran  a ser consideradas por la crítica como las precursoras del realismo mágico.

En una entrevista con su amigo y biógrafo Günter W. Lorenz, Asturias discute de qué manera historias como el Popol Vuh o los Anales de los Xahil encaja su punto de vista del realismo mágico y cómo se relacionan con el surrealismo. “Entre el ‘real’ y el ‘mágico’ hay una tercera clase de realidad. Se trata de una fusión de lo visible y lo tangible, la alucinación y el sueño. Es similar a lo que los surrealistas alrededor de Breton querían, y es lo que podríamos llamar ‘realismo mágico’”.

Veía una relación directa entre el realismo mágico y la mentalidad indígena. “Un indígena o un mestizo en una pequeña aldea podría describir cómo vio a una enorme piedra convertirse en una persona o un gigante, o una nube en una piedra. Eso no es una realidad tangible, sino que implica una comprensión de las fuerzas sobrenaturales. Por eso, cuando tengo que darle una etiqueta literaria, lo llamo ‘realismo mágico’”.

Fragmento del poema Letanías del desterrado de Miguel Ángel Asturias

Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
no tener sombra, sino equipaje,
brindar en fiestas que no son nuestras
compartir lecho que no es el nuestro,
lecho y “pan nuestro” que no es el nuestro,
contar historias que no son nuestras,
cambiar de casas que no son nuestras,
hacer trabajos que no son nuestros,
andar ciudades que no es la nuestra
y en hospitales que no son nuestros
cura de males que tienen cura,
alivio al menos, que no del nuestro,
que sólo sana con el regreso…

Fuente: Diario de Centroamérica

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