cabrera1Por Luis Ovalle

Roberto Cabrera se ha ido. Otro gran artista guatemalteco, poco conocido por las nuevas generaciones, ha partido a la eternidad. El maestro Cabrera se ha ido, pero tras de él queda su huella histórica, convertida en polvo cósmico, en estrellas.

Conocido como pintor, escultor, grabador, crítico de arte, curador y ensayista. A sus 21 años, en 1960, fue uno de los fundadores del grupo “Vértebra”, integrado además por los maestros Elmar René Rojas y Marco Augusto Quiroa; había estudiado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (Enap), entre 1953 y 1959.

En aquellos años de la vorágine revolucionaria, Roberto Cabrera participó en la fundación, dirección, administración y promoción cultural de la Asociación de Estudiantes de Artes Plásticas; en 1958 participó por primera vez en una exposición colectiva en el extranjero, en tanto que en 1961 expuso su pintura en la Enap.

Como muchos guatemaltecos, tuvo que salir al exilio durante el conflicto armado interno y fue maestro en la Escuela de Artes Plásticas en Costa Rica, donde también trabajó en investigación histórica y antropología. Mientras otros artistas decidieron cambiar sus herramientas por fusiles, Cabrera le apostó a mostrar al mundo, desde su arte, los desmanes y crueldades que ocurrían en el país, particularmente en contra de los pueblos indígenas.

Roberto_Cabrera_PREIMA20140723_0137_32Fue la guerra la culpable de que muchas de sus obras fueran destruidas y extraviadas.  “Vino la guerra y los artistas no nos quedamos atrás. Tratamos de expresar e interpretar eso, de participar, en algunos casos, en procesos que también se daban a nivel mundial: el mayo francés, Tlatelolco… Todo ese tipo de cosas hicieron que tuviéramos otra conciencia, otra forma de ver Guatemala, que es muy diferente de la que ven hoy día los jóvenes. El contexto en el que se desarrolla determina mucho en el arte, lo quiera o no el artista”, Roberto. (Por reflejar el alma de un pueblo…El arte Guatemalteco en la historia reciente del país; ODHA. 2012)

Roberto Cabrera se ha ido. Víctima de una enfermedad que minó su salud. Pero su obra queda, imperecedera, en la que mostró al mundo los horrores de la guerra en el país; sus exposiciones retrataron la desdicha y sufrimiento de los pueblos indígenas.

El maestro ahora ha trascendido al infinito, para convertirse en “Simón”, aquella escultura de un hombre muerto, que representaba al vilipendiado y asesinado pueblo guatemalteco.

¡Honor y respeto a los grandes guatemalteco y guatemaltecas!

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