Por Silvia Trujillo, para Barrancópolis

La compañía Andamio Teatro Raro estrena mañana “La Cometa” una apuesta para volver la mirada sobre la desaparición forzada en Guatemala, un tema que sigue estando vigente en el país. Con la estética ya clásica de la compañía; una obra realista, sin procedimientos metafóricos; se nos invita a ser parte de la lucha que inician tres mujeres tras la desaparición de sus familiares, pero también, a reflexionar sobre los impactos de aquellas atrocidades, sus efectos en la actualidad, las huellas del pasado que aún perviven en esta sociedad que somos.

La-cometa-Ensayo-II-12El texto nació como una necesidad, comenta Luis Carlos Pineda, dramaturgo y director de la compañía, “porque por terrible que parezca esos hechos sucedieron y no se han resuelto, ¿por qué íbamos a dejar de hablar del asunto si todavía está pendiente?” Camilla Camerlengo, una de las protagonistas, enfatiza “hay que seguir hablando del tema porque no se ha hecho justicia, porque estamos viviendo sobre los huesos que han enterrado en cementerios clandestinos, porque hay familiares que aún sufren y porque esos mismos familiares están muriendo y con ellos y ellas muere el lazo afectivo con las personas desaparecidas, por eso es necesario mantener la memoria viva”.

La compañía le ha apostado siempre al teatro político, de resistencia cultural y esta no es la excepción, sin embargo, no es una obra panfletaria, que enfoca la discusión desde un solo ángulo,  propone distintas miradas, distintos hilos que permiten desenmarañar el nudo de la historia reciente o al menos intentarlo. Para quienes integran la compañía ha sido un ejercicio de aprendizaje, de comprender y vivir las pasiones y miserias de los personajes que encarnan, pero a la vez de acercarse a sus propias historias, la de tres generaciones que están presentes en el elenco. “Comprender como se ha ido reconfigurando la historia, escuchar otra vez las voces, me ayuda a repensarme no para posicionarse entre lo que está bien o está mal, sino para asumir la consecuencia de lo que somos como historia” remata Barry Goldwasser.

La-cometa-Ensayo-II-8Mujeres que luchan.

Los hechos que se cuentan inician hace más de treinta años, pero las historias no se petrifican en aquel momento, sino que acompañan la lucha de las protagonistas desde que fueron identificadas como “las locas”, “resentidas” o las “delincuentes subversivas” hasta hoy, donde la memoria sigue siendo terreno de disputa, “memoria inundada, memoria selectiva, memoria como hojas sueltas”. Tal como plantea Margarita Kenefic, otra de las protagonistas, la obra narra “toda esa vida dedicada a la lucha para hacer vivo aquello que otros quieren desaparecer, el desgaste y endurecimiento del cuerpo que significó esa insistencia y tenacidad, un endurecimiento, por otra parte, que se produjo con toda la sangre hirviendo dentro”.

Se invita a la audiencia a adentrarse en esa larga lucha impulsada por mujeres que obligadas por las circunstancias se abrieron brecha en medio del terrorismo de estado. Ellas, madres, esposas, hijas, más que reforzar esos roles históricos asignados pusieron sus cuerpos frente a la magnitud de los asesinatos y desapariciones forzadas y en un mismo acto desafiaron el terror y trascendieron las figuras tradicionales ligadas a la idea de sumisión, abnegación y resguardo en el espacio privado, para colocarse en un lugar nuevo, el de tomar la calle y abanderar las luchas.  Comenzaron buscando a su familiar en soledad, se fueron encontrando en las morgues, hospitales, cárceles y en la medida que compartieron su dolor, la lucha dejó de ser individual y el empoderamiento se hizo colectivo.  Perdieron el miedo porque les habían quitado todo lo que conformaba su vida y desde esa convicción salieron a las calles, tomaron las plazas, las iglesias, hicieron huelgas de hambre. Cuando todo lo que amaban se puso en juego fue el amor a la vida lo que las impulsó a luchar. “En mi cuerpo, mientras las interpreto, siento que en ellas algo sanó, que ellas aprendieron a luchar y seguir viviendo, que, aunque quisieran llorar no podían porque había que seguir adelante y el fuego estaba dentro, la llaga estaba viva, pero había que seguir, había que sanar, había que manejar constantemente el dolor para no volverse locas” explica Camilla.

Desaparición forzada, de Hitler a nuestros días

La-cometa-Ensayo-II-9La desaparición forzada constituye el peor de los delitos de lesa humanidad y es uno de los crímenes más terribles utilizados por quienes detentan el poder para frenar la acción o erradicar a las personas consideradas enemigas.  Su surgimiento como técnica de aniquilación, comenzó en 1941 con un decreto del propio Adolf Hitler que se conoce como “Noche y Niebla”.  En aquel contexto el objetivo era aniquilar a los adversarios políticos de régimen nazi y la orden fue enfática en cuanto a que las personas detenidas fueran conducidas de noche y entre la niebla hacia un lugar donde sus familias nunca más supieran de ellas, como si nunca hubieran existido.  La misma técnica con objetivos específicos para cada caso, fue luego aplicada por Francia en la ocupación a Argelia y posteriormente en las décadas de los setentas y ochentas en Argentina y Guatemala como laboratorios de terror.

En Guatemala se utilizó tanto para frenar la acción de quienes se resistían, como para aterrorizar a todas las personas de su entorno, como mecanismo aleccionador para que nadie más intentara resistirse.  El impacto de esta técnica se produce en una línea del tiempo ya que, si bien se reconocen efectos inmediatos en las víctimas, hay otros que se arrastran durante muchos años. Uno de los efectos más perversos es que la responsabilidad de darle “muerte” a la persona desaparecida recae en la familia, son ellos y ellas quienes deben decidir cuándo dejar de buscar, cuando cerrar el duelo y desistir, de tal manera, que ha habido casos donde, por más de treinta años se espera que la persona vuelva, porque, aunque cognitivamente se sabe que la persona está muerta afectivamente se la quiere de regreso. Esos duelos que se han congelado en el tiempo, así como otros que han permanecido abiertos durante muchos años han dejado rastros imborrables en la vida de las personas y de los grupos organizados, desde la desintegración de las familias hasta la fragmentación de los movimientos y organizaciones. Lo peor es el daño que causa en la confianza de los seres humanos. Confianza que, incluso, puede no recuperarse.

La Cometa sentará hoy jueves 12, viernes 13, sábado 14 de mayo en el Centro Cultural de España a las 19:00 horas. Donación Q30.00, entrega de boletos una hora antes de cada presentación. De Andamio Teatro Raro. Dirección y dramaturgia: Luis Carlos Pineda. Actúan: Margarita Kénefic, Camilla Camerlengo, Daniela Castillo, Rubén Ávila, Barry Goldwasser y Claudio Padilla. Música: Aldor Divassi. Iluminación: Josué Sotomayor.

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Fuente y fotografías: Barrancópolis

La cometa: estimulando la memoria

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