Por Sindy Juárez*, colaboración para elGuatemalteco 

Cierro mis ojos  y escucho mi respiración. Sin moverme, siento el tamaño de mis codos, percibo lo rústico de mis rodillas, siento la planta de mis pies; percibo qué parte de mi cuerpo está tensa y cuál está relajada; siento los olores del entorno, la presencia de las personas que me rodean y su energía iterativa, SENTIR! … en eso consiste la vida, en eso consiste el teatro, en sentir.

En el teatro puedo dejar de ser yo, puedo ser lo que no soy, exagerar lo que soy, o simplemente ser alguien cuando creo que soy nadie; ser polifacética es una de las bondades del teatro.

Aunque algunas veces sentimos que el teatro es nuestro refugio, realmente el teatro no es un escape, el teatro es como dice Jerzy Grotowsky: “una forma de vida, un camino para descubrir la vida”, y no hay nada mejor que descubrirla de una forma divertida, donde el disfrute personal haga que la experiencia sea espectacular. No hay nada mejor que vivir la vida haciendo lo que uno ama.

Es funesto pensar que únicamente en el teatro podemos transformarnos, cuando las transformaciones son innatas de la tierra, desde su epicentro. Tal como citó Oscar Wilde: “la tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable”. Sin ver más allá de lo evidente emitimos juicios, etiquetamos o estigmatizamos a los demás, siendo imprudentes y atrevidos al dictar juicio sin conocer los antecedentes de cada caso. Observar y conocer a las personas y sus secuelas históricas, nos permite entender su forma de actuar en el presente y ser más tolerantes o comprensivos.

La música, la pintura, la poesía y el teatro, se unen en un solo vértice: “LA CONCIENCIA”, porque cada expresión artística conlleva a la construcción de juicios, dependiendo de estados de ánimo, entornos o de la situación que a cada uno nos toque vivir en su momento. Como dice Arthur Miller, “El teatro no puede desaparecer, porque es el único, donde la humanidad se enfrenta a sí misma”.

De ti mismo no puedes huir…”, ese es el reto del teatro: entrar en contacto con uno mismo, redescubrirse, autoevaluarse, conocer hasta la más profunda de las emociones y el más profundo sentimiento, para poder después comprender a los demás. Todos somos tan similares y  tan diferentes a la vez, que hasta el día en que encontramos a alguien que comparte nuestra misma forma de pensar o sentir, nos damos cuenta que no estamos solos y nos concebimos como “personas normales”.

Sin embargo, para que el teatro logre los efectos deseados, se debe ser consecuente y constante, como en el amor. A veces ignoramos que pagar por el teatro es hacer una inversión en nosotros mismos, es una puerta que nos permite conocer nuestros miedos, debilidades y fortalezas; situaciones que al profundizarlas y estudiarlas, nos permiten reconstruirnos.

Tengo una pasión por el teatro y he aprendido mucho de grandes maestros en éstos últimos tres años, con quienes estoy muy agradecida, ya que durante este trayecto descubrí que lo “dramática” ya lo traía de nacimiento.

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14138356_592149344301267_2062887184_nSindy Maribel Juárez Velázquez: Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Periodista Profesional, Maestra de Primaria Urbana y estudiante de Teatro.

 

 

 

 

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