Por Luis Ovalle*, colaboración para elGuatemalteco 

Hay patrones culturales transmitidos de generación en generación, que no responden a la realidad histórica de Guatemala, pero se convierten en un condicionamiento social al ser reproducidos por el sistema educativo y por las propias familias. Es más, muchas veces se tergiversan, se modifican antojadizamente y fortalecen estigmas que constituyen ignominia.

Es el caso de las “fiestas patrias”. El 15 de septiembre, efeméride con la que se nos ha vendido una supuesta independencia de la corona española, pero que en realidad sirvió para beneficiar a los criollos que dieron continuidad al colonialismo. Las mayorías populares, principalmente los pueblos indígenas, continuaron bajo el yugo de una clase poderosa que profundizó la discriminación y el racismo.

Es loable que los guatemaltecos y guatemaltecas nos sintamos patriotas y que haya una época específica del año para hacer valer este sentimiento, pero para que haya un punto de equilibrio es importante que en las escuelas, públicas y privadas, se reproduzcan los verdaderos valores; el sentir de los pueblos indígenas sobre esa parte de la historia.

Esto debe ser una lucha constante, principalmente de los pueblos, los herederos de una cultura milenaria, artistas, astrónomos, arquitectos, matemáticos; con una religión propia y una particular forma de concebir al ser supremo.

Mientras, los niños y niñas continuarán desfilando vestidos de “inditos e inditas”, y aún más grave, participando en mercaditos escolares, porque son ellos los que trabajan la tierra, los que siembran el maíz y las hortalizas; los de pies descalzos.

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DSC00129Luis Ovalle: Periodista, revolucionario, editor del blog “Camino Blanco

 

 

 

 

 

 

 

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